Un estudio aborda el impacto negativo de la precariedad laboral sobre la salud mental
Esta es una de las conclusiones de un estudio realizado por una Comisión de expertos/as pertenecientes a diferentes disciplinas (entre ellas, la Psicología), establecida por el Ministerio de Trabajo y Economía Social, cuyo objetivo es trazar un diagnóstico integrado lo más completo posible sobre la situación en España de la precariedad laboral y su impacto en la salud mental, estableciendo una serie de propuestas orientadas a eliminar y/o reducir tanto la precariedad laboral como los problemas de salud mental derivados de la misma.
La salud mental es una parte integral de la salud y el bienestar de la población, que depende de la combinación de múltiples factores así como determinantes sociales, entre los que se encuentra la precariedad laboral (la baja calidad de las condiciones de empleo y trabajo). Así pues, la salud mental es un indicador de salud que puede verse especialmente afectado por la precarización de las condiciones laborales.
Esta es una de las conclusiones de un estudio realizado por una Comisión de expertos/as pertenecientes a diferentes disciplinas (entre ellas, la Psicología), establecida por el Ministerio de Trabajo y Economía Social, cuyo objetivo es trazar un diagnóstico integrado lo más completo posible sobre la situación en España de la precariedad laboral y su impacto en la salud mental, estableciendo una serie de propuestas orientadas a eliminar y/o reducir tanto la precariedad laboral como los problemas de salud mental derivados de la misma.
Tal y como señalan sus autores, los contenidos y resultados de este estudio se dirigen simultáneamente a actores sociales muy diversos: a representantes políticos, especialmente a aquellos/as que tienen una responsabilidad directa sobre los temas y contenidos de los que trata este informe; a los agentes sociales, sindicatos, empresarios/as, asociaciones y movimientos sociales especialmente cercanos y preocupados por los temas tratados; a académicos/as y expertos/as interesados/as en la comprensión y divulgación de la temática abordada; y a la población general y, en particular, a la población trabajadora “que es la que se ve más directamente afectada por una experiencia que genera malestar, sufrimiento, enfermedades y muerte prematura”.
¿Qué es la precariedad laboral y qué consecuencias tiene?
La precariedad laboral es actualmente un fenómeno multidimensional, endémico y estructural que se extiende a una gran diversidad de trabajos y sectores productivos. La investigación científica apunta a la precariedad laboral como “un determinante social dañino para la salud”, o una “pandemia tóxica”, que aumenta el riesgo de enfermar y morir prematuramente para quienes trabajan en esas condiciones, así como para sus familias.
Entre sus consecuencias, el documento destaca la desestructuración de la vida cotidiana, la dificultad para planificar el futuro, la generación de inseguridad, sufrimiento, alienación, frustración, desesperanza y miedo, así como problemas muy diversos de salud mental como son, entre otros, la ansiedad y la depresión, que generan un gran sufrimiento psicológico y cuyos efectos se extienden a todos los ámbitos vitales.
Los problemas de salud mental se han incrementado en los últimos años así como la excesiva medicalización
Con respecto a la salud mental, el documento recoge una serie de datos que dan cuenta del incremento de problemas de esta índole en los últimos años. Tal y como indica, en la Unión Europea, anualmente, una de cada seis personas (84 millones de personas) tiene un problema de salud mental (ansiedad, depresión, trastornos por uso de drogas y alcohol, etc.), distribuidos desigualmente según la clase social. Gran parte del malestar y la angustia que experimentan algunas personas “tiene una causa social”, que se expresa y percibe en forma de una amplia variedad de signos y síntomas físicos y/o psicológicos (por ej., ansiedad, crisis de pánico, depresión, cefaleas, mareos, lumbalgias, parestesias, fatiga y reacciones cutáneas, entre otras muchas).
De forma específica, la ansiedad y la depresión constituyen los dos principales cuadros clínicos responsables de la carga de enfermedad de los problemas de salud mental, con una alta prevalencia de este tipo de problemáticas en nuestro país entre la población de 15 años o más: el 5,8% presenta ansiedad crónica (1 de cada 12 mujeres; 1 de cada 28 hombres; 1 de cada 12 personas desempleadas; 1 de cada 23 personas que trabajan y 1 de cada 4 personas incapacitadas para trabajar) y el 5,3% depresión (1 de cada 14 mujeres; 1 de cada 31 hombres; 1 de cada 13 personas desempleadas; 1 de cada 40 personas trabajadores/as en activo y 1 de cada 4 personas incapacitadas para trabajar).
A pesar de lo anterior, el informe lamenta que el sufrimiento psicológico quede “delegado a un sistema de atención sanitaria que trata (y tiende a hipermedicalizar) esas condiciones de salud”. A este respecto, recuerda que España es el país que más ansiolíticos e hipnóticos consume por habitante en todo el mundo.
Los problemas de salud mental se han incrementado en los últimos años así como la excesiva medicalización
Con respecto a la salud mental, el documento recoge una serie de datos que dan cuenta del incremento de problemas de esta índole en los últimos años. Tal y como indica, en la Unión Europea, anualmente, una de cada seis personas (84 millones de personas) tiene un problema de salud mental (ansiedad, depresión, trastornos por uso de drogas y alcohol, etc.), distribuidos desigualmente según la clase social. Gran parte del malestar y la angustia que experimentan algunas personas “tiene una causa social”, que se expresa y percibe en forma de una amplia variedad de signos y síntomas físicos y/o psicológicos (por ej., ansiedad, crisis de pánico, depresión, cefaleas, mareos, lumbalgias, parestesias, fatiga y reacciones cutáneas, entre otras muchas).
De forma específica, la ansiedad y la depresión constituyen los dos principales cuadros clínicos responsables de la carga de enfermedad de los problemas de salud mental, con una alta prevalencia de este tipo de problemáticas en nuestro país entre la población de 15 años o más: el 5,8% presenta ansiedad crónica (1 de cada 12 mujeres; 1 de cada 28 hombres; 1 de cada 12 personas desempleadas; 1 de cada 23 personas que trabajan y 1 de cada 4 personas incapacitadas para trabajar) y el 5,3% depresión (1 de cada 14 mujeres; 1 de cada 31 hombres; 1 de cada 13 personas desempleadas; 1 de cada 40 personas trabajadores/as en activo y 1 de cada 4 personas incapacitadas para trabajar).
A pesar de lo anterior, el informe lamenta que el sufrimiento psicológico quede “delegado a un sistema de atención sanitaria que trata (y tiende a hipermedicalizar) esas condiciones de salud”. A este respecto, recuerda que España es el país que más ansiolíticos e hipnóticos consume por habitante en todo el mundo.
Recomendaciones para prevenir y/o reducir el impacto de la precariedad laboral en la salud mental
- Desarrollar organizaciones más saludables, declarando la mejora de la salud mental como un objetivo estratégico, y promoviéndola en el marco de las negociaciones colectivas.
- Potenciar la formación de todo el personal laboral en materia de riesgos psicológicos y sociales e incorporar la salud mental en las estrategias empresariales de prevención. En este punto, puede ser clave contar con psicólogos/as del trabajo y las organizaciones, cuyas funciones, de acuerdo con la Sociedad para la Psicología Industrial y Organizacional (SIOP-Society for Industrial and Organizational Psychology), son esenciales para ayudar a las empresas a comprender los desafíos que enfrentan los empleados y las empleadas y a actualizar las prácticas del personal laboral que disminuyen el estrés y el agotamiento, facilitando la adopción de comportamientos saludables (por ejemplo, la introducción de herramientas de manejo del estrés), capacitación, flexibilidad y otras intervenciones clave, orientadas a optimizar la salud mental y el bienestar de sus empleados/as.
- Implementar la reducción de la jornada laboral en las organizaciones. Realizar jornadas laborales más cortas tiene un impacto muy positivo en la reducción del desempleo, el aumento de la calidad de vida y la mejora del cuidado de personas, en la reducción del estrés y la mejora del sueño, compatibilizar el horario escolar, el estudio, etc.
- Adaptar mejor toda la regulación del sistema de prevención de riesgos psicológicos y sociales a las distintas formas de teletrabajo.
- Incluir la obligatoriedad de la Evaluación de Riesgo con perspectiva de género.
- Incorporar las psicopatologías en el listado de enfermedades profesionales, en los términos recogidos por la Recomendación n.º 194 de la OIT y reformular el modelo de enfermedades profesionales para que se conforme formalmente como un modelo mixto.
- Fortalecer los Equipos de Valoración de Incapacidades con profesionales con competencias en salud mental y relaciones laborales (por ejemplo, psicólogos/as del trabajo y los recursos humanos).
- Reforzar la sanidad para que ofrezca una atención a la salud mental que sea universal, equitativa, gratuita y de calidad. Desarrollar un sistema sanitario centrado en la atención primaria y comunitaria, los cuidados, los determinantes sociales de la salud y la salud pública, y desmedicalizar y «despatologizar» procesos de sufrimiento psicológico.
© CRISTINA SALGADO
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